20120225

ballet

Ballet
El ballet o danza clásica
es el nombre específico dado a una forma concreta de danza y su técnica. Según
las épocas, los países o las corrientes el espectáculo coreográfico puede
incluir: danza, mímica y música (de orquesta y coral), decorados y
maquinaria.
También se utiliza el
término ballet para designar la pieza musicalcompuesta, a propósito, para que
sea interpretada por medio de la danza. El Ballet está considerado como una de
las Artes Escénicas.
La técnica de esta danza
tiene una dificultad importante, ya que requiere una concentración para dominar
todo el cuerpo, añadiendo además un entrenamiento en flexibilidad, coordinación y ritmo musical. Lo habitual, aunque
no obligatorio, es que se aprenda con una edad temprana, para interiorizar y
automatizar movimientos y pasos técnicos. Es ideal una formación paralela en
solfeo, aunque tampoco imprescindible
Para el calentamiento se
utiliza una zapatilla de tela (o piel) con suela partida o completa, muy blanda
y fácilmente adaptable. Cuando la experiencia, la condición física y la fuerza
del bailarín ya lo requieren, se comienza el entrenamiento con las puntas de
ballet. El vestuario debe ser cómodo y, sobre todo, debe dejar marcado el cuerpo
para poder corregir y ver los movimientos de cuerpo, brazos y piernas.

nancy


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nancy

De acuerdo con la tradición
más antigua, más conocida y aceptada, yoga es la unión de âtman con
paramâtman; âtman resume el significado de lo humano; paramâtman es lo
trascendente, lo divino: el Ser sin límite.
Esta unión se propone por la vía de la conciencia,
y como la conciencia es producto del conjunto de experiencias del alma, el Yoga desarrolla las facultades de
la persona humana para que tenga experiencias finas y profundas, y con ellas
pueda nutrir su alma.
Cada vez que un ser humano
alcanza éxito en el yoga, surgen otros seres humanos que quieren participar de
ese éxito y se forma una
escuela, una línea con un Guru, un Maestro y sus discípulos que tarde o temprano
le ponen un nombre al estilo
de su Maestro y parece que ha surgido un nuevo yoga. En realidad lo único que ha
surgido es un nuevo estilo de hacer lo mismo.
Las vías y modalidades de las
técnicas del yoga son
variadas, pero ellas pueden resumirse (hatha, karma, jñana y bakthi yoga) en las
cuatro vertientes de la naturaleza de la persona humana (físico, emocional, mental y espiritual), con miras
de alcanzar un punto de convergencia.
El yoga clásico esta definido a
través de 25 tattvas o principios, el primero de los cuales es purusha, el ser,
y el resultado de toda esta manifestación de purusha es prakriti, la naturaleza.
Es el tiempo-espacio, materia-energía, mente y espíritu como yo le
llamo.
Un auténtico raja yogui tiene que resumir todas la
técnicas del hatha, karma, jñana y bhakti, y de muchos otros nombres que andan
por ahí; es el punto de convergencia de la materia, de la energía, de la mente y el espíritu, como
conciencia del Ser y al mismo tiempo de estar en la realidad material, mental y espiritual.
En fin, el auténtico yoga como experiencia, es la
experiencia de la verdad. La experiencia del yoga, lo recalco, no es la fuga de
la realidad, es la confrontación total con la realidad hasta sus últimas
consecuencias, que es la verdad.
Y esto no se conoce como algo externo a nosotros
mismos, sino como una experiencia individual, intransferible.
Los yoga sutras de Patañjalí están
metodizados en ocho etapas
(astânga yoga) que comprenden en la práctica todos los aspectos del yoga que voy a
enunciar.
El primero de ellos se denomina yama y se entiende,
en términos generales, como la etapa de la purificación.
Las purificaciones tienen un sentido eminentemente
práctico y no místico, pues lo primero que se indica en esta etapa es que
cuidemos que todo lo que entra en nuestro cuerpo sea puro, es decir, que
lo alimente y le permita vivir para conocer su realidad o, por lo menos, para
intentar conocer su realidad.
Nuestro cuerpo necesita estar
recibiendo constantemente energía del exterior para sostener el enorme gasto de
energía que implica el simple hecho de vivir, y esa energía que necesita el cuerpo la toma del alimento, y
la energía del alimento se produce a través del fenómeno de la combinación de la
luz del sol con las sales y la humedad de la tierra; la síntesis que hacen los
vegetales al atrapar los
fotones de la luz del sol con sus cloroplastos y combinarlos con sales y
humedad, que absorben por sus raíces, esas cadenas de elementos químicos son las
que permiten vivir a los organismos superiores.
El yogui piensa que sería más fácil controlar nuestra
naturaleza, utilizar
nuestra energía a niveles más sutiles, ya no meramente instintivos o pasionales,
de deseo o de emoción, sino
utilizar la energía para
pensar finamente, para descubrir mejor las leyes y apoyarnos en ellas, también
para tener más sentido de solidaridad y sentirnos partícipes de todas las cosas
del universo.
Yama dice que debemos purificar el alimento de
nuestra mente. Estas ideas
ambiguas o que no entendemos deben ser eliminadas como alimento mental, pues nos
embotarían y nos corromperían la inteligencia. La idea es tratar de comprender y
no sólo de aprender o acumular datos solamente.
Finalmente yama nos hace una llamada para que
purifiquemos nuestro espíritu. El tiene relación con la espiralidad
del universo, es decir, es el que nos permite amar y aspirar a la libertad, todo
lo que corta, separa y elimina algo de la realidad en forma arbitraria, o que insiste
en conducirnos por una sola vía excluyendo las demás debe ser eliminado, porque
el espíritu se alimenta de lo universal.
El segundo planteamiento de Patáñjali es
consecuencia del primero, la conducta adecuada, niyama, Patáñjali y sus
seguidores dan una lista de cosas que debemos tomar en cuenta para una
conducta adecuada, pero es demasiado larga y la podemos resumir en dos, no
violencia y respeto a la vida. Todo nuestro cuerpo es vida, vida regular,
celular, compuesta por billones de seres vivientes que están bajo el cuidado de
la conciencia instintiva, y de los que estamos siendo responsables con nuestros
actos.
Vayamos ahora al tercer estadio del yoga que propone Patáñjali, que
son las âsânas, las posturas del cuerpo para activar los centros
de poder. Y ¿cuáles son los centros de poder? A nivel científico occidental, que
es donde estamos, son las glándulas del sistema endocrino asociadas a los plexos
nerviosos que producen transformaciones químicas de muy alto poder, como las hormonas y muchas otras cosas
que todavía no hemos identificado muy bien pero que afectan seria y directamente
nuestra forma física, nuestro
crecimiento, nuestro desarrollo material y que repercuten en lo psíquico, en los
estados de ánimo y hasta en la virilidad o en la feminidad y también en nuestro
desarrollo mental y
espiritual. Las glándulas del sistema endocrino corresponden perfectamente con
los centros nervofluídicos que los maestros del yoga en la India llaman chakras,
que pueden activar, concentrar y controlar la energía por
medio de âsânas.
Hay 84 posturas clásicas en el hatha
(con un número considerable de posibilidades y variantes) para estimular los
centros de poder, con ellas se hacen secuencias sencillas con propósitos bien
definidos y después, cuando ya se tiene experiencia, se hacen dos o tres posturas especiales del cuerpo y no hacen falta más.
Hay posturas que hasta las
podemos hacer sentados en una silla. Nada más cruzamos las piernas y nos damos una
torsión para un lado agarrándonos del respaldo de la silla y ya estamos haciendo
ardhamatsyendrâsâna, en realidad es una torsión de la columna vertebral hacia un
lado y luego hacia el otro para flexibilizarla y permitir que fluyan bien las
energías a través de sus dos polos: el polo que se encuentra en la base de la
columna vertebral y que los yoguis llaman kundalini, y el polo de energía que se
encuentra en la base del cerebro, que ellos también llaman âtman.
Hay una polaridad a lo largo de la columna
vertebral a través de una serie de centros reveladores de energía que son los
chakras o glándulas del sistema endocrino asociadas con centros nerviosos. Lo
que nos mantiene vivos en esa energía, y hay que mantener la columna vertebral
flexible para que fluya a cualquier edad. Cuando esa energía ya no fluye
correctamente viene la decrepitud. Estas posturas del cuerpo son buenas para activar
y vitalizar todo el cuerpo
físico, psíquico, mental y
espiritual, o sea, para activar la energía y adecuarla en diversos usos cada vez
más sutiles y usarlas no solamente en las actividades físicas,
sexuales, sino también en las actividades psíquicas,
artísticas, mentales y espirituales.
El Maestre de la Ferriére, decía que “todo el
problema del yoga es la
activación de la energía y su perfecto control…”.
Las posturas del cuerpo van acompañadas de
técnicas respiratorias, de contracciones que se conocen como bhandas y de una
cantidad de prácticas importantes para la limpieza del organismo y su control, con
el objeto de que la activación y la concentración de la energía no dañen el cuerpo y permitan que fluya con
toda libertad. Algunas de estas prácticas, como las de respiración llamadas
pranayama algunas bhandas y naulis, etcétera se consideran que sólo pueden ser y
deben ser autorizados y vigilados por un Guru, por un Maestro; se pueden guiar
por alguien que conozca la práctica de fondo y pueda desarrollar el yoga dentro de las capacidades de
cada uno de los discípulos.
Hay un cuarto nivel que Patáñjali llama pranayama,
que es el control de la respiración. La energía que está en el aire, el prana,
como le llaman los yoguis, tiene polaridad Ha o polaridad Tha, solar o lunar,
positiva o negativa, activa o pasiva; toda la energía, por ser dinámica, tiene
dos polos. Equilibramos la energía con la respiración y hay toda una tecnología
de respiración alterada, forzada, con un ritmo, con un propósito adecuado para
acumular energía tanto positiva como negativa, en un lugar preciso, determinado
por el Guru.
El control de la respiración tiene apoyo en el
ritmo, es decir, en el hecho de que nuestras fosas nasales en un momento dado
toman más aire por la fosa nasal izquierda o por la fosa nasal derecha y después
de algunos minutos cambian el ritmo y entonces es la otra fosa la que toma más
aire; esto mantiene el equilibrio de las energías Ha y Tha, de modo que la carga
de energía es siempre equilibrada. Cuando nuestra conducta altera este ritmo de
la respiración caemos en euforias exageradas o en depresiones profundas, por
exceso de energía de una polaridad o de otra. Esto debe tomarse muy en cuenta
antes de intentar ninguna práctica de pranayama.
El verdadero pranayama es bastante difícil,
requiere mucha práctica y la guía de un Maestro, pero en la vida común y
corriente por lo menos podemos aprender una cosa, hacer la respiración alternada
tapándonos una fosa y otra para equilibrar la energía y quitarnos el estrés. Si
estamos muy cargados de energía Yang, como dicen los chinos, o de energía Ha,
como dicen los hindús, entonces estamos nerviosos y ese nerviosismo produce
tensión y la tensión produce una serie de secreciones glandulares que pueden ser
nocivas, y también cuando estamos muy cargados de energía Yinn o Tha, resulta
que nos sentimos deprimidos. Lo mejor es balancear la energía utilizando la
técnica del pranayama en su forma más sencilla y de este
modo nos sentimos descansados, equilibrados, relajados. Ni demasiada quietud ni
hacer cosas por las cosas mismas, equilibrio, serenidad, pero con vitalidad, con
capacidad de hacer cosas. Para todo esto nos ayuda el pranayama en su forma rudimentaria. Ahora, si
queremos llegar a lo grande necesitamos un Maestro que nos indique todo lo
necesario para hacer pranayama y poder entrar en el pratyâhâra.
Para iniciarse en las prácticas de pranayama hay
que limpiar los conductos
de la energía, que por cierto no corresponden a ningún texto o ilustración
anatómica, sino que se refieren a la estructura de nuestro cuerpo energético o astral. Hay
algo parecido a lo que proponen las escuelas del Yinn-Yang, el hecho de activar
las energías Ha o Tha y tratar de concentrarlas mediante el pranayama puede
producir una gran cantidad de accidentes que no son propiamente biológicos o
fisiológicos, sino que pueden ser más bien psíquicos, mentales o aún
espirituales.
Pues bien, la idea no es solamente el de acumular
energía. Esta se puede conseguir de muchas formas, lo importante es permitirle
la circulación para
darle un uso adecuado. Una gota de agua, por ejemplo, es algo hermoso, pero
muchas gotas pueden formar una corriente, y si a esa corriente se le opone algún
obstáculo, el agua se acumula
y tarde o temprano rebasa el obstáculo y se fuga por alguna fisura, o se derrama
produciendo una devastación, eso es lo que sucede con las prácticas mal llevadas
y mal vigiladas del pranayama, aunque sus efectos no sean muy notables en lo
físico pueden causar verdaderos deterioros en la estructura psíquica o mental del discípulo; el
pranayama, digámoslo nuevamente, sólo deber ser autorizado y vigilado por un
Maestro bajo su responsabilidad.
El pratyâhâra, siguiente paso que plantea
Patáñjali, es el perfecto control de las emociones y de las sensaciones para
poder ver el mundo con claridad, con nitidez, para estar sensibles, para captar
todo sin desbordarnos, para dar la respuesta adecuada. Pratyâhâra es la
aceptación total de las impresiones, de las emociones, de las sensaciones, sin
rechazarlas.
En la práctica es algo sencillo, no digo fácil,
simplemente digo sencillo, pero también es peligroso porque es el control de las
emociones y de las sensaciones, y dentro de ese control entra el control del
dolor, y el dolor es un
aviso, una llamada de atención tanto física, psíquica o mental, y si hacemos
caso omiso de esa llamada nos exponemos a accidentes peligrosos, por lo tanto
pratyâhâra debe practicarse con un propósito definido y también bajo la
vigilancia de alguien que pueda observar imparcialmente sus efectos.
Swami Satyananda nos decía en Bogotá hace tiempo,
en una convención internacional, que el pratyâhâra puede controlar el dolor, pero que
para controlar el dolor lo que se necesita es
aceptarlo totalmente, no rechazarlo, porque lo primero que hacemos por instinto
es ponernos tensos y tratar de rechazarlo, el dolor reacciona y se hace más
fuerte. Al hacerse más fuerte, tenemos que emplear más energía para
contrarrestarlo, y luego viene más dolor y tenemos que hacer aún
más esfuerzo, entablando una lucha que, si continuara, destrozaría nuestro
sistema cerebro-espinal. Pero la naturaleza tiene calculada una válvula; es la
inconsciencia, el desmayo, el síncope. O sea, que perdemos la conciencia y no
seguimos luchando. Entonces, para que el pratyâhâra lo podamos emplear de una forma natural, lógica, práctica,
en nuestro mundo cotidiano, necesitamos aprender a respirar bien y a utilizar la respiración para
relajarnos, y una vez que estamos en control de nuestra energía no conturbarnos
con las emociones ni con las sensaciones, sino dejarlas fluir, mantenernos
transparentes, conscientes, sin ofrecer resistencia a nada,
dejando fluir las emociones y las sensaciones y extrayéndoles todo su
contenido.
En realidad es sencillo, como he dicho, porque
consiste más que nada en no rechazar las sensaciones o las emociones e incluso
el dolor, sino dejarlas que fluyan libremente sin ponerles atención, y esto las
debilita y las diluye. En suma: pratyâhâra no es sólo tener un perfecto control
de las sensaciones de nuestro cuerpo tanto agradables como
desagradables sino también de las emociones positivas o negativas, con objeto de
que nada de esto interfiera en el siguiente paso de la línea clásica del yoga que nos propone Patáñjali, o
sea el dhâranâ, la meditación.
Dhâranâ para algunos, entre los que nos contamos
nosotros, es la meditación, para otros es la concentración. Es un poco difícil
ponernos de acuerdo en estos términos, puesto que el Maestre de la Ferriére cita
el dhâranâ como meditación mientras que otros textos citan el dhâranâ como
concentración.
Pero lo que es más importante es entender bien qué
significa este estadio: en la práctica es la capacidad para aquietar nuestras
facultades sensoriales, psíquicas, mentales o espirituales, con el objeto de que
nuestra conciencia pueda ascender gradualmente hasta llegar a la experiencia del
Ser. Siguiendo la interpretación tanto del Maestre de la Ferriére como de
Patáñjali, meditar es utilizar todos los recursos
de nuestra mente hasta las
formas más sutiles.
Patáñjali tiene un pasaje donde dice que dhâranâ,
la meditación, es la cesación del flujo mental. Esto no deja de ser una imagen,
porque la mente no puede
cesar; la mente es la
expresión humana de leyes universales y las leyes universales no pueden cesar,
porque si cesan, ¿dónde queda la realidad?. Sería el absoluto caos. Lo que
sucede simplemente es que en dhâranâ nuestro coeficiente mental se eleva más allá de la
información sensorial, más allá de la imaginación, más allá de la razón, más
allá de la intuición; comienza a entrar en los estados de creación; lo que ahora
se está investigando y se comienza a llamar “baja de ciclos cerebrales por
segundo”, para entrar en estados “alfa” y en estados “beta” y otra serie de
estados que están en investigación.
Lo que sucede es que es tan sutil el trabajo de la
mente en la meditación que
parece que la mente no está
trabajando, porque no está propiamente imaginando o reflexionando o intuyendo
sino está en una serenidad profunda, captando exactamente la esencia de las
cosas, sin apasionarse o inclinarse para una cosa u otra, para entender las
cosas como son no como queremos que sean ni como nos han dicho que son, sino
como son.
Esto se fundamenta en el perfecto control de las
emociones y de las sensaciones, conseguido con el control de la respiración
después de haber activado las energías con las posturas.
Para meditar primero hay que sentir el cuerpo con claridad. Se puede
hacer una concentración en la parte baja de la columna vertebral, en el área de
la energía kundalínica, o sea en el área del primer chakra, muladhara. El
muladhara es el chakra del soporte, ayuda a tener un mayor control de estas
facultades sensoriales. Luego puede concentrarse la atención en el área del
corazón. A los pocos minutos podemos llevar la concentración hacia la parte
profunda del entrecejo, hasta el âjñâ chakra, con el objeto de estabilizar
nuestras facultades mentales. Al final esta concentración debe hacerse en la
parte alta de la cabeza, en el área del brahma-rundhra, como la llaman los
hindús, y ahí se consigue la estabilización espiritual.
Esto no es muy recomendable para los
principiantes puesto que pueden tener la experiencia de no tener límites, y eso
es terrorífico para los que están muy apegados a su persona humana en el sentido
corporal y biológico. Esta etapa de dhâranâ es para permitir que nuestra
conciencia ascienda de lo sensorial a lo psíquico, y de ahí a lo intelectual,
luego hacia lo místico y finalmente hacia el Ser, esto es lo que puede
comprenderse como meditación.
La experiencia de la meditación en sí misma es
indefinible, es inexpresable: todo lo que se diga sobre ella en realidad no es
meditación, así que hay que dejar de lado de una vez todas esas cosas que se
dicen por ahí acerca de lo que se “siente” durante la meditación.
El dhâranâ nos puede llevar a dhyâna, la
concentración, que es el paso donde la conciencia alcanza la experiencia del
Ser; es ahí donde se diluyen todas las dualidades y el meditante, al llegar al
dhyâna encuentra una lucidez indescriptible. En realidad esto no deja de ser
meramente una sugerencia, puesto que sólo el que ha tenido la experiencia puede
comprender de qué se trata; así, en un plano de sugerencias, podríamos decir que
es el inicio de la experiencia del Ser.
El dhyâna permite todavía una relación con la persona
humana, pero es en esta etapa donde comienzan a desaparecer las diferencias, las
dualidades, donde la vida comienza a tener unidad dentro de su multiplicidad,
donde todo tiene relación con todo: un
insecto tiene relación
con una estrella y una nota musical tiene relación con una montaña;
todo tiene relación con
todo, porque todo está hecho del mismo tipo de elementos químicos que son
energía concentrada del mismo tipo y que están regidos por constantes
universales que actúan en lo grande y en lo pequeño, en diferentes grados de
organización. Entonces desaparece la dualidad del objeto y el sujeto, y todo
comienza a tener unidad dentro de la diversidad y de ese paso se llega al final
que es el samâdhi.
Digamos ahora que âtman y paramâtman, lo humano y
el Ser, pertenecen el uno a la realidad y el otro a la verdad.
Paramâtman es inmortal; âtman
es cambiante, es mortal, podríamos decir, y de lo que se trata con el yoga es de encontrar un vínculo
profundo entre los dos; así que la experiencia del yoga está planteada para aquí y
para ahora, no para después de la muerte ni para cuando se llegue al paraíso, al
nirvana, o al sat chit ananda. Dhyâna comienza a vislumbrar esto.
Hay todavía un estadio
supremo o superior que Patáñjali denomina samâdhi o experiencia del yug. El
samâdhi es la perfecta experiencia de la unidad total, la experiencia de
identidad de âtman con paramâtman, de jiva con jivâtman, el Ser total, aquí y
ahora. Ese estado de Ser, de identidad profunda, es lo que los religiosos llaman
la experiencia de Dios, la experiencia de lo eterno, metodizado con un sistema
que puede seguir cualquier ser humano de cualquier condición, siempre y cuando
tenga necesidad de
hacerlo, porque no todos tenemos esa necesidad, hay quienes estamos conformes
con lo que tenemos y todavía no nos interesa saber por qué lo tenemos; pero hay
otros que necesitan saber por qué y para qué viven, y hay todo un sistema que
nos puede dejar en el escalón donde queramos.
Aún dentro de esta
experiencia se proponen dos niveles: el savitarka-samadhi o la experiencia total
con retorno a la conciencia de la persona, y el maha-samadhi, que es la
experiencia sin retorno a la conciencia de la realidad; porque el samâdhi es en
realidad la muerte vista desde aquí, pero también es la realización total del
Ser: el yug, la culminación, la terminación de todo el proceso humano resumido
en el Ser.

Yoga for Beginners Two with Dr. Melissa West - Namaste Yoga Episode 107

2012